
Era se una vez en un pais muy cercano que jugaba una niña con su gato. Tan feliz era con el juego que no se dio cuenta que se estaba alejando de su casa, siempre pasaba lo mismo cuanto su gatito se ponía así de travieso, era encantador.
Cuando fue consciente se encontró sentada a la sombra de un viejo álamo blanco con más carcoma que otra cosa, ella seguia enfrascada en el juego hasta que quedó dormida.
Entonces el viejo árbol habló:
-¿Quien eres, niña de cabellos como el sol?
-Soy María. Respondió medio asustada. Pero la curiosidad pudo más que el miedo. -¿Puedes hablar? Preguntó a su vez.
-Por supuesto, soy el árbol más viejo de este bosque. A mi me corresponde hablar.
-¿Bosque? No veo ninguno, sólo te veo a ti.
Entonces el árbol contó a la niña que en otros tiempos aquel paraje fue una frondosa alameda pero todos sus compañeros fueron muertos por hachas o por la carcoma.
Unicamente la magia de las hadas podría devolver la vida a la foresta y de nuevo volver a contar con los trinos de los pájaros y las graciosas cabriolas de las ardillas en sus copas.
- Que lástima que ya no queden hadas. Lamentaba María
- ¿Estás segura? Preguntó el viejo álamo.
Entonces despertó, su gatito había empezado a perseguir las hojas caidas mecidas por el viento de la tarde.
Al llegar a casa contó a su madre que había estado hablando con un árbol y que era muy urgente llamar al país de las hadas. El viejo árbol necesitaba una.
Pero la madre, como todos los mayores, estaba demasiado ocupada para soportar las fantasías de una niña. La reprendió de tal forma que lloró durante toda la noche.
...
El tiempo ha pasado y María ha crecido. Su gatito había desaparecido ya, lo había enterrado en lo que fue la alameda. Un día cualquiera, cansada del ruido fue de nuevo a sentarse al pie del viejo árbol esperando volver a hablar con él.
Pero permaneció mudo. Por mucho que doliera tendría que dar la razón a su madre, quizá fuera sólo un sueño.
Invadida por la tristeza una lágrima resbaló por su mejilla y se disolvió en la seca tierra.
Si hubiera mirado atrás hubiera visto como los árboles brotaban del suelo, el viejo álamo sonreía y su gatito jugaba con las hojas mecidas por el viento de aquel atardecer.
Ella era el Hada. Su lágrima... La Magia.
Y colorín colorado este cuento... ¿Se habrá acabado?
Hoy es 14 de febrero, como no tengo pareja siempre pido a alguna buena amiga si me acepta un regalo. Este año mi amiga María me pidió un cuento. Espero que te guste.
Eduardo