Hay veces que me siento cansado. Sí, bastante cansado de sonreir siempre, me canso cada vez más. Siempre que me viene un golpe de mala fortuna me vuelvo a levantar, me sacudo el polvo de los hombros y ¡hala! otra vez arriba. Pero uno termina agotado.
Si fuese un animal pienso que tendría que ser un hipopótamo gordo, feo y desgarbado pero hecho a prueba de bombas.
Hoy me he dicho que no iba a volver a sonreir, que ya está bien. Ya es hora que sonría otro, a este paso voy a tener unas patas de gallo que van a ocupar el gallinero entero. Así que después de que me digan que es posible que me tengan que volver a abrir el brazo, me he montado en el choche. He llegado hasta la clínica con el semblante más serio que se puede poner, me he acodado en la barra de la cafetería y... ¡Holaaaa! ¿Un cafetito sólo como siempre?
(ahacerpuñetaselestarserio grrrrrr) Si, era la chica de la cafetería (rubia por cierto). ¡ASI NO HAY MANERA!
¿Cómo voy a poner cara serio cuanto te saludan así? Bueno, que se le va a hacer... pues nada, después del café voy para la sala de tortura y venga... digo unos "Holas" por aquí... otros "¿Que tal vas?" por allá... y con una sonrisa de oreja a oreja.
Y puestos a pensarlo bien... ¿Que trabajo me cuesta sonreir a la gente? Pienso que hasta se les olvidan las preocupaciones por un momento. Y parece que el tiempo de estar allí se nos hace más corto, tanto a los pacientes como a los "fisios".
Así que este es el trato, permitidme estar serio cuando no hay nadie y os sonreiré cuando esté con vosotros.
Bueno... ya os contaré lo que pasa con el brazo, el martes voy a otra revisión, mientras este finde me quedo en casa, a ver si recupero algo más y me libro del quirófano.
Edu
Etiquetas: Yo