
Quiero despertar
Sentir el frío de la mañana
No quiero dormir
Tan solo soñar
Entraste sin avisar
Te colaste en mi mente
Sueño con tu rostro
Siempre... cuando amanece
Juntando el ocaso con el alba
Soñando despierto
No quiero abandonar...
Nunca este sueño
Eduardo
La verdad es que soy sencillo, igual que me vengo abajo con facilidad con cualquier cosita me alegro. Una llamada de un amigo, un café especialmente aromático, una melodía en el momento apropiado, una buena lectura, una compañía agradable... Tampoco parece tan raro. Al menos compensa en parte algunas de las incertidumbres y amarguras por las que pasamos.
No es la existencia maravillosa que pensaba que tendría, pero me voy acostumbrando a disfrutar de esas "pequeñas cosas", de esos grandísimos momentos de vuestras vidas que me brindáis desinteresadamente.

Baja del avión, ha sido un viaje difícil, no sólo por las dos horas de retraso ni por lo incómodo del vuelo con la tormenta.
Vuelve con fiebre, dolor de cabeza... gripe. Los paseos por aquella ciudad, empapado por la lluvia pasan su factura.
Si algo tiene claro es que tiene que repetir el viaje en mejor disposición si quiere disfrutar algo más. Las ideas se agolpan machacándole la cabeza y el teléfono suena sin cesar, pero no lo contesta, ya sabe quien es y lo que va a decirle. Ya está todo dicho.
Pero al llegar a la sala de espera algo le saca una sonrisa, al menos hay alguien que se alegra de verle.
Ella le ve primero, emprende una carrera pasando por debajo de la cinta. Se tira en sus brazos y le da un interminable beso. Hola Lucía.
Para mi sobrina y ahijada, Lucía.
Eduardo

Día:15-01-2006
Hora: 18:00
Lugar: The Golf Café
¿Por qué?: Concierto
Me gusta la música, ya lo sabéis. Tengo casettes, vinilos, cd, mp3… pero nada se puede comparar a la música en vivo, aunque salga de las ganas de un grupo de amigos.
Llego a tomar café y Luis me dice que tocan esta tarde. ¿Hora? A partir de las 5 me dice. Vale, me voy a dormir un poco y luego vuelvo.
Llego, pido una cerveza, los instrumentos están preparados y los músicos en la barra. Queda poco. Suben, el local se prepara, últimos ajustes y empieza la música. Grande, muy grande la sensación de la batería, el bajo, guitarras y teclados en vivo.
Canciones de hace tiempo, todas cargadas de recuerdos. Me voy al final del local, ahí estoy mejor. Veo a la gente, veo al grupo… estoy flotando.
Llega el momento, mi momento. Se escuchan los primeros acordes de “Still Loving You” de Scorpions. Es la primera vez que la oigo interpretada por la voz de una chica. Las guitarras hablan solas parece. Llega el momento del punteo que se me hace eternamente mágico, pero… falta algo. Levanto mi mano izquierda, Luis me ve y me pone en ella una cerveza. Perfecto, ¿Coro de ángeles? Ni en sueños, esto si que es música celestial.
Tarde para no olvidar, saco el móvil para llamar a unos amigos de Madrid para que lo puedan escuchar, no hay cobertura. Bueno, ya se lo contaré. Es lo que estoy haciendo.
Si es verdad que existe un cielo os podéis quedar con mi parte. A mi me vale con disfrutar muchas tardes así en The Golf Café.
A vuestra Salud
Con "El Posa" músico y amigo
Eduardo
La verdad es que ser galeote no es tan malo después de todo. Sí, darle al remo cuando los vientos son escasos es duro pero está exento de toda responsabilidad.
Elegir la ruta. Eso si que tiene responsabilidad. Cuantas veces he soñado tener la habilidad del capitán o del primer oficial a la hora de leer en las estrellas la posición exacta de la nave en la inmensidad del océano.
Y yo ya soy todo un veterano, llevo tres años en ésta nave. El capitán hasta conoce mi nombre y hago buenas migas con el cocinero, que cuando está de buen humor me suele obsequiar con media ración de pan duro en el rancho.
He conocido a muchos compañeros de remo, algunas veces cuando sopla el viento y nuestros remos están quietos, entablo conversación con el compañero de cadena. No, nuestra conversación no tiene nada de trascendental. Comentamos el poco brío del tercer banco de estribor a la hora de bogar, discutimos sobre la estrategia de la última batalla,... cosas normales de galeotes.
Y lo del vigía, pero como se puede haber nacido para vigía y padecer de vértigo. Ya no quedan buenos profesionales hoy en día. Y mira que es uno de los puestos más codiciados de la nave, te hace sentir superior, siempre por encima del resto de problemas.
Ahora tengo un nuevo empleo, no veo el Sol, pero tampoco disfrutaba mucho de él en la última nave. E incluso he tenido el privilegio de llevar a mi antiguo capitán hacia su último destino, el Reino de Hades.
Ahora seguro que ya sabéis quién soy... ¿No? Seguro que sí. O acaso no habéis oído hablar de Caronte.
Eduardo
La verdad es que quería hacer algo parecido a las introducciones de La Ciudad Invisible, entonces lo tendría que haber terminado así.
Y así seguimos, navegando por la procelosa mar de las ondas hertzianas, buscando la utopía rumbo a la Ciudad Invisible.

Volvió a su vida después de mucho tiempo. Morena, ojos negros, simpática... friolera y algo despistada… adorable. La misma sensación de siempre al verla, eso no había cambiado, pero algo si había cambiado desde el último encuentro… El.
Después de los saludos de rigor, contarse las últimas experiencias vividas por ambos, tomar un café que se alargó por cerca de cinco horas, dos grandes amigos por fin reían juntos.
Pero casi se encontró con un desconocido con los recuerdos de alguien de su pasado. Le daba casi miedo escuchar sus proyectos futuros, aunque le animara a cumplirlos.
Al día siguiente quedaron a comer en un restaurante italiano. Pasear por las empedradas calles de la ciudad, admirando las esculturas en mazapán de los escaparates. Llovía, los dos guarecidos bajo el mismo paraguas, cualquiera los hubiera confundido con dos enamorados.
Pero… eso es algo que ninguno de los dos se puede permitir. El amor duele demasiado cuando se va, mejor así.
Ella ha vuelto a su exilio voluntario. El se ha quedado de nuevo, pero ya no está solo. Le arropan un montón de amigos.
¿Cómo sabe que hay un montón? Estás leyendo esto, eso ya te convierte en uno de ellos.
El amor es un lujo en manos de unos pocos privilegiados, mi enhorabuena a ellos. Otros… sólo lo hemos visto de lejos.
Eduardo
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La verdad, si lo mirais bien... puede ser bonito, pero práctico para nada. Es incómodo, solo tiene dos plazas(si fuera un coche...), en verano te pegas a el como no ponga el aire acondicionado cercano al punto de congelación, y encima no se puede lavar en la lavadora.
¿Qué pensáis ahora? Yo creo que la decisión está clara.